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  • Diario Digital | lunes, 15 de agosto de 2022
  • Actualizado 12:40

MANOLO MEDINA Y JAVIER VALLESPÍN ESTARÁN EL 22 DE JULIO EN EL FESTIVAL DE COMEDIA DE RINCON DE LA VICTORIA

Cómo hacer humor y no morir en el intento

Entrevistamos en esta ocasión a dos grandes del humor, responsables de momentos únicos en el teatro actual, con la risa y la carcajada, como sus principales armas. El humor les unió hace unos años y deseo que nadie les separe, precisamente porque ellos tienen mucho que enseñarnos. Se caracterizan por ser espontáneos, naturales, impulsivos…, y eso, les hace ser muy especiales. Nunca hay una entrevista seria con ellos. Reconocidos actores, ahora protagonizan una de las canciones del verano: “El bujero de mi hermana” Sin duda, son imparables.

Manolo Medina y Javier Vallespin
Manolo Medina y Javier Vallespin, con Rocío Calderón.
Cómo hacer humor y no morir en el intento

Para ellos, soy su “promocionera” Para mí, Manolo Medina y Javier Vallespín, son unos grandísimos profesionales a los que admiro por su espíritu de lucha, siempre con una sonrisa. Sobre todo, los considero dos buenos amigos, de esos que siempre están cuando se les necesita: sea para un vídeo, una foto, o cualquier cosa que valga para ayudar a los demás, por una buena causa. Si son grandes artistas, aún son más grandes como personas.

R:¿Cómo lleváis la fama? ¿En brazos o a la espalda?

Manolo: ¿Famosos? Más bien somos populares, Rocío. Todavía podemos andar por la calle, sin agobios. Aunque la gente, nos reconoce asiduamente, tenemos una popularidad muy cómoda. No somos avasallados, ni agobiados por nadie. Como digo, nos reconocen, claro. Y eso está muy bien, porque el día que no nos reconozcan… ¡malo! (Risas)

Javier: ¡Yo soy famoso en mi casa! (Risas) Ya en serio, lo llevo bien, si no voy con Manolo. De este modo, puedo echar un día completamente normal, en cualquier parte. Pero si voy con Manolo a la playa, pues la gente se fija irremediablemente en nosotros…

R: Dos hombres solos… ¿Mejor solos que mal acompañados? (Profesionalmente, hablando)

Manolo: Diría que sí. Que es mejor estar solo, que mal acompañado en el escenario.

Javier: ¡Sí, por supuesto! ¡Si la compañía no es grata, mejor que se quede en su casa…!

R: ¿Os cuesta mucho soportaros?

M: Afortunadamente, no tenemos que soportarnos. Somos compañeros y amigos. Llevo dos años trabajando con Javier, y todavía no sé qué es una discusión, la verdad.

J: Tenemos puntos de vista muy diferentes, claro. Quizás por eso, nos llevamos bien, pues lo que le falta a él, se lo aporto yo, y viceversa. Fíjate que Manolo llama al teléfono de mi casa; lo coge mi mujer y me dice: “Javi ponte… ¡es tu novia!” (Risas)

R: Manolo, ¿qué se siente de pasar de ser un “buscatalentos”, a encontrar ese talento frente al espejo?

Siempre he sabido que era talentoso, pero me hizo falta que gente de primera línea como Marifé de Triana; o Lola Flores, me dijeran que tenía talento para estar ahí arriba como primera figura y no acompañándolas. También tengo cierto sexto sentido: suelo ver el talento en los demás. Como ejemplo, aquí está Javier, que entre muchos, supe ver su potencial para ser mi pareja artística en esta obra.

"La gente necesita reírse, porque lo está pasando mal. Tal vez sea que no cumplimos ninguna de las normas".

R: Javier, venías como monologuista, y tras hacer un casting, conseguiste el papel en la obra de Dos hombres Solos…, ¿cómo está siendo tu experiencia como actor en teatro?

Tengo que hacer una aclaración, Rocío: no soy un monologuista puro, me considero humorista, un cómico… Sirvo para hacer un espectáculo y que la gente, se muera de la risa, viéndome. Y que al día siguiente, confiesen a los suyos que se lo pasaron bomba, escuchándome. No me hace mucha gracia que me etiqueten como monologuista. Mi entrada en el teatro, fue maravillosa. Imagina Rocío, después de estar en muchos pubs y bares de España, conocer a Manolo, fue una gran suerte. Aprendo muchísimo de él, como apartar las cosas malas de este mundo de las tablas, que también las hay. Conocer y sobre todo, oler los mejores teatros de España… ¡Vamos, que con Manolo, me tocó “El Gordo”…!

M: ¡Y a mí, contigo me toco “El Niño”! (Risas) Yo me llevé 11 años con mi antiguo compañero. Jamás escuché eso de “oler un teatro” (En este momento, suenan las campanas de la iglesia de La Cala, marcando las doce de la mañana)

R: Manolo, ¿cómo surgió la idea de Dos hombres Solos Sin Punto Com Ni Na?

M: Un amigo de Jerez, inauguraba un Pub. Me pidió que me inventara una cosita de una media hora; y yo esto lo tenía en la cabeza hace mucho tiempo, porque la obra está basada en dos personajes: uno es Gonzalo, con 8 hijos, ¡mu’ mari! ¡Todo el día con la bata y las uñas ‘comías’! ¡Muy macho, pero mu’ mari! Luego está mi madre, una auténtica jerezana de patio, con una bohemia y forma de ver la vida, muy particular. ¡Y unas caídas…! Fíjate, Rocío, un día, vinieron unos amigos con su hijo a verme; y cuando se fueron, se me queda mi  madre (Momento hilarante: pasa un helicóptero y suenan las campanas otra vez, sin parar, instante en el que Manolo grita: ¡¿vamos a tener más ruido hoy?! Muchas risas y continúa) Y va mi madre, y me dice… (Siguen sonando las campanas) ¡¿… No hay más campanas?! ¡Chiquilla, que ya nos hemos ‘enterao’! ¡¿Aquí suenan las campanas pa’ siempre?! ¡Cortadle las manos al monaguillo…! (Vuelve el helicóptero) ¡… Por Dios, como pase el del camión de antes…! ¡Sólo falta el Mocito Feliz…! (Continúa)  … Pues eso, que me dice mi madre: ¡el niño de tu amigo, es imperativo! La miro y le digo: ¿mamá, qué dices? Y me contesta: que sí, Manolo, que ese niño es imperativo. ¡Que se mueve mucho…! (Risas) ¡No, mamá!  ¡Es hiperactivo, no imperativo…! Otro día, en la puerta del hospital, mi madre, se encuentra con su consuegro. Y va y le dice que está con mi padre (enfermo de Alzheimer) y que le vamos a tener que meter en un centro de adúltero… Y yo, le digo: “¡mamá, un centro de adultos, por dios…!”

R: Una obra, que va por la 7º temporada. ¿Cuál creéis que es su éxito para estar todavía en cartelera?

M: En el Alameda, sí; pero la obra, lleva ya 14 años... La gente necesita reírse, porque lo está pasando mal. ¿El éxito? Tal vez sea que no cumplimos ninguna de las normas. Que la obra, se ha convertido en un todo un clásico, porque es políticamente incorrecta, y también, porque somos nosotros, en piel y alma, y eso a la gente, le gusta por cómo lo decimos todo; por cómo lo interpretamos… Eso provoca que vengan una vez y ya vengan a vernos otras catorce o quince veces más…

J: La obra no es intocable, Rocío. Se va renovando, día a día. De buenas a primeras, se sueltan cosas que se nos ocurren, muy actuales y… (Otra vez pasa el helicóptero) ¡… Joe! (Risas)

M: La coletilla del “sí, eso sí” ha traspasado barreras, y hay muchísimas empresas que han confiado en nosotros para hacer su publicidad.

Dos hombres solos sin punto com ni na


Os voy a hacer un test, pero por favor contestad breves, que os conozco y os enrolláis más que una persiana.

Una película que odiáis y por qué:

M: Yo no soy cineasta, pero he visto tres veces “Náufrago”. Un hombre que le habla a una pelotilla… (Risas)

J: Una de mis mayores decepciones ha sido “Waterworld” de Kevin Costner, que va en plan pirata futurista. ¡Una m… mu’ grande, Rocío! Desde aquí, invito a Kevin que haga la obra y diga en inglés: “yes, oh, yes...”

El viaje en carretera más largo para una representación:

M: ¡Jerez a Bilbao! ¡Ay, si la gente supiera lo que hay detrás de cada artista, pagaría 50 euros por una obra...!

J: ¿Cuánto vale la entrada? ¿12 euros? Dicen: ¡Uf, qué caro! Y luego paga 50 euros por una entrada de fútbol. Contra eso, no se puede luchar…

Si acertaras el número del Gordo de la Navidad y te fallara el último número, ¿qué diríais, si estuvierais delante de un coro de monjas?

M: Yo diría: “me voy a cargar en la p… madre de la mala suerte que tengo! ¡Me cag…! ¡Qué va! ¡No diría nada del susto! (Risas)

Si naufragarais en una isla desierta, y os acompañara una pelota de voleybol, ¿qué nombre le pondríais a la pelota?

M: Yo le pondría Javi, sin duda.

J: Y yo le pondría Manolo, porque Manolo está en mi vida... ¡Aunque a mí, me gusta llamar a todo el mundo Antonia! ¡Me encanta el nombre de Antonia! A la compañera de clase de mi hija, que se llama María, le digo Antonia... El otro día, San Antonio, la felicité... (Risas)