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  • Diario Digital | lunes, 06 de julio de 2020
  • Actualizado 20:01

CUANDO LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES ESTÁN POR ENCIMA DE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS

La otra cara de los gatos

La polémica sobre la captura de gatos callejeros ha sembrado la controversia en Rincón de la Victoria, a raiz de las quejas de algunos vecinos del municipio por la colocación de jaulas en las zonas comunes de una urbanización de La Cala del Moral a principios del mes de diciembre, y que saliera publicada en un periódico de la provincia malagueña.

Pero, ¿dónde está el problema desde el punto de vista de otras personas que sufren esta plaga?

La otra cara de los gatos

La urbanización Tamadaba se ha hecho famosa en los últimos días debido a las acciones de difusión que los animalistas han realizado tanto en redes sociales como en algún periódico provincial. Pudimos ver fotos de un gato en una jaula. Sin embargo, para conocer el origen de estas capturas hay que retroceder un poco, porque, como toda historia, ésta también tiene otra cara.

En el caso de la Cala del Moral, la presidencia de la mancomunidad alertó al Ayuntamiento de Rincón de la Victoria sobre la presencia continua y cada vez más numerosa de gatos callejeros en las zonas comunes, incluído el césped “donde juegan los niños y se tumban los vecinos en verano”, nos comenta F.M. Además, añade, “el problema más grave es que hay una señora vecina de la comunidad que alimenta a los gatos dentro de las zonas comunes, incluso saltando la valla. No se dan cuenta que están perjudicando a la comunidad”. “Nos ha llamado asesinos y que no tenemos conciencia, nos ha dicho”. Nos dice que se pusieron en contacto con el Ayuntamiento, este verano, para hacer algo con los gatos de la urbanización y hasta ahora no habían venido. Los gatos continúan en la urbanización, se lamenta. “Ya hay dos gatas preñadas al menos y para este verano va a ser una verdadera plaga. Son muchos vecinos que se están quejando”.

F.M. comenta que ahora mismo el asunto está en manos del abogado de la comunidad para tomar acciones, específicamente contra la señora que alimenta a los gatos, además que tendrán que volver a escribir al Ayuntamiento para que tome algún tipo de determinación, y añade que no es la única comunidad con este problema. “Lo peor está por venir. El principal problema es que se alimenta a los gatos”, concluye.

Pero hay otros casos. En la urbanización Lo Cea, algunas familias llevan años reclamando una solución a lo que comienza a convertirse en una verdadera plaga de gatos.

 C.F.N. nos cuenta su caso. “Esto es una plaga horrible, que ha provocado efectos en la piel, incluso tiña, no sólo en mí, sino también en mis hijos. Son cuadros alérgicos diferentes a consecuencia de estos gatos. Llevamos siete años aquí y hemos escrito multitud de cartas. Nos hemos planteado hasta quitar el cesped por los gatos. Hasta en la terraza de la casa se meten. Toda la piscina y las zonas comunes están llenas de excrementos de ellos”, nos dice.

Nos comenta que hay personas que alimentan a gatos callejeros y que esto debería ser ilegal. “Alimentar a los gatos es una irresponsabilidad y debería ser ilegal. Estamos creando monstruos, cómodos, que ni son domésticos ni callejeros. Si los alimentamos  ya no volverán a comer ratas. Volverán una y otra vez a buscar comida”, añade.

El testimonio de C.F.N. continúa, lamentándo del cariz que está tomando el asunto de los gatos, el poco control que hay respecto a estos animales. “Hay alguna vecina que se ha ido de la urbanización porque era imposible vivir aquí para su hija con asma. Yo misma cuando estaba embarazada vivía encerrada en la casa por miedo”, comenta. Aún así, la resignación de esta vecina va más allá. “Los gatos están ganando. No es un tema de amor o no amor a los animales. Es un tema de alimentar a los animales salvajes. Como parece que no se pueden sacar de estas zonas, al menos no los alimentemos. Los estamos haciendo domésticos pero sin domesticarlos”.

C.F.N. se despide de nosotros pidiendo que “el Ayuntamiento debería hacer algo y prohibir alimentar a los animales salvajes. Estas personas son irresponsables y son los que deberían ser censurados”.

Lo que está claro es que ninguna de estas personas quiere ningún mal para estos gatos y centran su censura en las personas que irresponsablemente los alimentan, creando un híbrido entre gatos domésticos y salvajes que ya no tienen límites, y que están ganando el terreno a las personas.